lunes, septiembre 28, 2009

Compárteme otra copa

Tu risa es graciosa. Ádelante, bebe otra copa, yo no voy a preguntarte su procedencia, no me interesa si es tinto, blanco o rosado violeta; si se espuma, o tiene el cuerpo de una diosa. Yo me bebo el momento, me bebo la hora y el temblor de tu mano al descorcharlo de nuevo. ¡Ja! dime, ¿te has escuchado alguna ves?, ¿quieres embriagarte? Bébete la noche, no me importa el vino ¿¡Quién carajos necesita el vino?! yo estoy ebria de tus palabras, de tu ceja dislocada, de tus torpes y absurdos intentos por compartirme o robarme el exceso de calor. Es graciosa, tu risa. Yo conocía un chico que se reía sin voz, ahogado, así con los puros músculos de la quijada y la boca bien abierta; reía tan intensamente que su quijada jalaba la nuca y su nuca a la espalda, y la espalda se encorvaba y le aprisionaba tan fuerte el abdomen que terminaba siendo mas un rescate de emergencia reír con él. ¡Si! ¿es gracioso verdad?, compárteme otra copa. ¿Se trata de que sea tinto para que lo derrames en mi? No te creas que soy ingenua, se supone que tu intentes tocarme y yo ebria de tu astucia termine sin ropa en el sofá. Vamos, tu risa es graciosa; pero fingiré no saber nada de vinos y tu trata de olvidar que yo sé que el vino es sólo un pretexto.