domingo 13 de diciembre de 2009

Métodos de búsqueda activos y pasivos

Voy a hacerlo




















aunque no quieras
aunque te tema
aunque me enamore
aunque sea una cobarde



















Lo voy hacer.
Después me tapare los oídos.
Fingiré ser una olla con vapor a presión.
Chiflo agudo para no escucharte decir eso que tanto temo.



Tal vez me queme las orejas.


Tal vez.
Tal vez permanezca.
Tal vez permanezca obscenamente.
Tal vez permanezca obscenamente muda.
Tal vez permanezca obscenamente muda delirante.
Y me queme las orejas...



y la boca.




Tal vez recupere el ímpetu
y gallardia
Los tengo molidos.
Quizá vuelva a ser brava.
Decidida como una olla que chifla y asusta,
que aniquila,
que hierve,
hermética.
Quizá tome de ti lo que necesite


y me marche.













Voy a hacerlo.
Decirte esto que siento,
con esta boca,
pero sin palabras
¿Que mas puedo perder?



Nunca te he tenido.



Nunca me has tenido.



...






Nunca me he tenido.

jueves 26 de noviembre de 2009

Civilización


Un hombre muere en mí siempre que un hombre
muere en cualquier lugar, asesinado
por el miedo y la prisa de otros hombres.

Un hombre como yo; durante meses
en las entrañas de una madre oculto;
nacido, como yo,
entre esperanzas y entre lágrimas,
y -como yo- feliz de haber sufrido,
triste de haber gozado,
Hecho de sangre y sal y tiempo y sueño.

Un hombre que anheló ser más que un hombre
y que, de pronto, un día comprendió
el valor que tendría la existencia
si todos cuantos viven
fuesen, en realidad, hombres enhiestos,
capaces de legar sin amargura
lo que todos dejamos
a los próximos hombres:
El amor, las mujeres, los crepúsculos,
la luna, el mar, el sol, las sementeras,
frío de la piña rebanada
sobre el plato de la ca de un otoño,
el alba de unos ojos,
el litoral de una sonrisa
y, en todo lo que viene y lo que pasa,
el ansia de encontrar
la dimensión de una verdad completa.

Un hombre muere en mí siempre que en Asia,
o en la margen de un río
de África o de América,
o en el jardín de una ciudad de Europa,
Una bala de hombre mata a un hombre.

Y su muerte deshace
todo lo que pensé haber levantado
en mí sobre sillares permanentes:
La confianza en mis héroes,
mi afición a callar bajo los pinos,
el orgullo que tuve de ser hombre
al oír -en Platón- morir a Sócrates,
y hasta el sabor del agua, y hasta el claro
júbilo de saber
que dos y dos son cuatro...

Porque de nuevo todo es puesto en duda,
todo
se interroga de nuevo
y deja mil preguntas sin respuesta
en la hora en que el hombre
penetra -a mano armada-
en la vida indefensa de otros hombres.
súbitamente arteras,
las raíces del ser nos estrangulan.

Y nada está seguro de sí mismo
-ni en la semilla en germen,
ni en la aurora la alondra,
ni en la roca el diamante,
ni en la compacta oscuridad la estrella,
¡cuando hay hombres que amasan
el pan de su victoria
con el polvo sangriento de otros hombres!

~ Jaime Torres Bodet

miércoles 25 de noviembre de 2009

Retrato del desconocido

Llegan las veintiuna horas y comúnmente lo miro sentarse en ese sofá junto al librero con el torso relajado hacia la derecha, recargando el peso de su cabeza en la mano que sostiene su barbilla. El dedo índice siempre toca la cien. Con la mano izquierda remoja unas cuantas palabras en la taza de café que acomoda en el descanso, las lleva de nuevo a sus labios levemente abiertos, donde las sostiene y las mastica despacio. No deviene nada con la mirada, su gesto altanero es tan incongruente que siempre me provoca quitárselas de la boca, entonces me levanto del sofá de enfrente y me acerco a su rostro. Raspo con mi lengua la comisura de sus labios, puedo percibir ese sabor intenso, abundante y corrosivo como el vinagre; pero tan cambiante, semisólido que me provoca probarlo de nuevo y retenerlo entre el paladar y lo ancho de mi lengua. Lo vuelvo a mirar y permanece apacible, tan relajado cómo si cada partícula de sabor fuera perfectamente identificable, estudiada y cotidiana en su boca. Si en ocasiones se inmuta lo hace con las cejas, su gesto se contrae hacia el interior de su cabeza, y una de ellas –la que lleva incrustado un destello metálico- se alza sobre la otra; entonces se acerca de nuevo la taza y escupe dentro de ella.« Cuando era niño solía controlar a los demás con la fuerza de su mente, era tremendamente persuasivo e incitaba a otros a cometer locuras. Cómo el Jaibo en esa película de Buñuel, sólo que sin el espíritu fatalista y ni el complejo de Edipo » -pienso en ello mientras lo miro colocar de nuevo la taza sobre el descanso del sofá- yo podría bien ser una de esas mentes manipuladas con su fuerza, por eso prefiero mirarlo del otro lado de la sala, bajo la sombra de las escaleras.

Veintitrés horas. Se levanta mecánicamente del sofá y suele caminar -con una rara mueca traviesa- sobre los libros que dibujan un camino hasta su recámara, yo lo sigo y me llevo conmigo su taza para beber de ella. A veces creo que inconcientemente cuenta los pasos antes de llegar a su cama, cómo quien trajera marcado en el pulso el ritmo adecuado para pisar siempre por el mismo lugar; nunca he trato de seguirle sobre sus huellas, me limito a caminar a un costado y contemplarlas hasta entrar a su cuarto. Esta noche me sentaré sobre el mueble que esta en la esquina junto a la ventana, en ese borde dónde la oscuridad no se ve tocada por el resplandor de la noche y dónde puedo mirar sin ser descubierta. Cuando se sienta en el borde de la cama y permanece en silencio antes de quitarse la camisa, imagino que se prepara para despojarse de todas las poses; cómo un mimo que se sienta frente al espejo y realiza el ritual de convertirse de nuevo en humano, el se quita con agilidad la ropa y caen un montón de objetos pesados sobre las sábanas; entonces, los arroja de su cama y se tumba en ella. Ese momento en que se encuentra apacible recostado boca arriba, es por el que cada noche me cuelo entre las sombras para mirar de nuevo, por el que sucumbo cada noche en la curiosidad natural que tengo de él y le miro cada pliegue de su piel, sus ojos como cánicas brillantes, le deseo. Me quedo dormida un rato para marcharme por la mañana.

Cuatro horas. Abro los ojos. Sigue despierto recostado boca arriba con los brazos cruzados detrás de su cabeza, permanece inmóvil aunque ocasionalmente mira de lado la ventana - junto a la que estoy oculta sobre el mueble que tiene la estatuilla del Buda- Apenas me percato que he derramado el café y se ha inundado la recámara estropeando la duela, las cosas tiradas flotan. Esto no es normal, no puedo mirar más y vuelvo a dormir sentada abrazando mis rodillas.

¿Qué hora es? Pienso mientras entre abro los ojos y un extraño cansancio parece sujetarme fuerte las extremidades. Trato de mirar y sólo veo una enorme pared blanca, hay hormigas de colores trazando curiosos caminos en ella. « Tengo que irme » es el impulso en mi mente que me hace sobresaltarme, pero el mundo rota y caigo en cuenta que la gravedad esta detrás de mí. Yo he abandonado ese espacio seguro de penumbra. Estoy recostada y siento el frio en el pecho -veo luz en mi pecho- el olor de objetos remojados en café, la sábana fría raspando mi espalda, una corriente tibia adentrandose en la oreja derecha. Giro la cabeza en esa dirección. Le veo mirarme.

martes 10 de noviembre de 2009

Cazador de Espíritus


No me cuesta ser racional contigo, pero mientras más te razono, más siento empatía con los aturdidos. Demente, perturbada, lunática, desequilibrada, chalada; la manía viene en dosis pequeñas, ácidas, ásperas, corrosivas; sin horarios y sin expectativas. Mordiente de mis neuronas: no temo perder la cordura, si por cada inferencia lógica, estoy a un paso más cerca de ti.

jueves 5 de noviembre de 2009

Dame esa miel inmediata y sin sentido

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.

Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádica dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

Idea Vilariño

lunes 26 de octubre de 2009

Cuatro noches de soñarte

Que noche de sombras y matices en la piel,
de poros abiertos y vellos erizados,
de tu aroma forastero en mi nariz
surcador de las papilas rasposas de mi lengua

¡Que noche de soñarte y despertar deseándote!

sábado 10 de octubre de 2009

Viernes por la noche


El celular vibra exaltando nuestro sueño, mi cuerpo aún dormido gira y se lanza a ciegas a contestar la llamada, pero tú detienes con un movimiento vertiginoso al brazo que intenta interrumpir la noche.

Forcejeo un momento. Inmovilizas la mitad de mi cuerpo. El celular se tambalea cerca de mi cabeza.

Te gusta que luche contra ti, has advertido que ya no me puedes controlar, me sabes fuerte y escurridiza; quizá por eso me has hecho caminar toda la noche, para adormecerme el cuerpo y agitarme la cabeza; para que pierda la cordura y lejos del alcance de mis palabras puedas sentir por algunos instantes que lograras retenerme. El calor de tu piel en el frío de mi vientre me hace abrir grandes los ojos; no puedo verte, me siento ciega e impotente, giro de un lado a otro tratando de huir y tu, con increíble gracia, me regresas al montón de ropa que improvisamos como cama, a tus labios húmedos que saben contenerme.

Cerca de mi cabeza el concreto huele a viejo y olvidado. Los espacios de ventanas maltratadas figuran como huecos de un enorme rompecabezas. Llueve el techo por sus goteras. Seis niveles nos separan del piso. Seis mil kilómetros nos separan de los fuegos de la tierra.

Ya había olvidado esto de jugar al clandestino, de usurpar los espacios, correr por los callejones húmedos de lluvia, esquivar la mierda, caminar entre el anonimato, las batallas, el caos y la miseria de la gente. Olvidado amarte en los huecos de la calle, en los tejados detrás de los tinacos, sobre el pasto, junto a los zaguanes, en los edificios olvidados; a la vista de los fisgones con insomnio, fuera del alcance de lo cuerdos moralistas.

Los fuegos de la tierra confunden tu cuerpo con el vapor que emana. Llueve el techo por sus goteras. No escucho nada. Tu cuerpo se confunde en el mío, excita el mio. Goteras. No escuchas nada. El concreto nos escucha. Las trabes y las escaleras de hierro tiemblan con nosotros. Pruebas mi piel de sal. Tú amas mi piel de sal.

Miro por esas ventanas maltratadas y pienso que no quiero volver, no quiero borrar este espacio, no quiero recorrer los obstáculos que nos trajeron a este lugar, cruzar de nuevo la cerca y ser arrastrada por las calles con su hedor a cotidiano. Quiero seguir olvidando lo que eres, permanecer presa y mirarte con ojos de absoluta ingenua despojado de la vida que te corrompe. Pero tengo que marcharme, porque ya no puedes retenerme, porque no estoy ciega, porque el celular seguirá ahí vibrando y tambaleando el piso, incansable, recordando que hay una realidad intermitente que es imposible de ignorar.

Yo amo tu piel de sal.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Diccionario del Diablo

Gracias a unos vínculos en twitter, me encontre con este muy peculiar diccionario escrito por Ambrose Bierce donde se burla de las utopias humanas y las aterriza en el sentido común -quizá esa sea la razón por la que le pertenece al diablo y no a los hombres- Aquí les dejo algunas definiciones que me han gustado, espero que las disfruten.


Abdomen, s. Templo del dios Estómago, al que rinden culto y sacrificio todos los hombres auténticos. Las mujeres sólo prestan a esta antigua fe un sentimiento vacilante. A veces ofician en su altar, de modo tibio e ineficaz, pero sin veneración real por la única deidad que los hombres verdaderamente adoran. Si la mujer manejara a su gusto el mercado mundial, nuestra especie se volvería graminívora.

Amor, s. Insania temporaria curable mediante el matrimonio, o alejando al paciente de las influencias bajo las cuales ha contraído el mal. Esta enfermedad, como las caries y muchas otras, sólo se expande entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales; las naciones bárbaras, que respiran el aire puro y comen alimentos sencillos, son inmunes a su devastación. A veces es fatal, aunque más frecuentemente para el médico que para el enfermo.

Diccionario, s. Perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad. El presente diccionario, sin embargo, es una obra útil.

Hombre, s. Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que cree ser, que olvida lo que indudablemente debería ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie que, a pesar de eso, se multiplica con tanta rapidez que ha infestado todo el mundo habitable, además del Canadá.

Mujer, s. Animal que suele vivir en la vecindad del Hombre, que tiene una rudimentaria aptitud para la domesticación. Algunos de los zoólogos más viejos le atribuyen cierta docilidad vestigial adquirida en una antigua época de reclusión, pero los naturalistas del postfeminismo, que no saben nada de esa reclusión, niegan semejante virtud y declaran que la mujer no ha cambiado desde el principio de los tiempos. La especie es la más ampliamente distribuida de todas las bestias de presa; infecta todas las partes habitables del globo, desde las dulces montañas de Groenlandia hasta las virtuosas playas de la India. El nombre que se le da popularmente (mujer lobo) es incorrecto, porque pertenece a la especie de los gatos. La mujer es flexible y grácil en sus movimientos, especialmente Ia variedad norteamericana (Felis pugnans), es omnívora, y puede enseñársele a callar.

Novela, s. (En inglés, romance, novela de aventuras más o menos fantásticas. por oposición a "novel", novela realista ). Cuento inflado. Especie de composición que guarda con la literatura la misma relación que el panorama guarda con el arte. Como es demasiado larga para leer de un tirón, las impresiones producidas por sus partes sucesivas son sucesivamente borradas, como en un panorama. La unidad, la totalidad del efecto, es imposible porque aparte de las escasas páginas que se leen al final, todo lo que queda en la mente es el simple argumento de lo ocurrido antes. La novela realista es al relato fantástico lo que la fotografía es a la pintura. Su principio básico, la verosimilitud, corresponde a la realidad literal de la fotografía, y la ubica dentro del periodismo; mientras que la libertad del relato fantástico no tiene más límites que la imaginación del narrador. Los tres principios esenciales del arte literario son imaginación, imaginación e imaginación. El arte de escribir novelas, en la medida en que pudo llamarse arte, ha muerto hace mucho en todo el mundo, salvo en Rusia, donde es nuevo. Paz tengan sus cenizas... algunas de las cuales aún se venden mucho.

Santo, s. Pecador fallecido, revisado y editado. La Duquesa de Orléans refiere que aquel viejo e irreverente calumniador, el mariscal de Villeroi, que en su juventud había conocido a San Francisco de Sales, dijo al oír que lo consideraban un santo: "Estoy encantado de enterarme de que Monsieur de Sales era un Santo. Le gustaba decir groserías y solía trampear a los naipes. Por lo demás, era un perfecto caballero, aunque un tonto".

Satanás, s. Uno de los lamentables errores del Creador. Habiendo recibido la categoría de arcángel, Satanás se volvió muy desagradable y fue finalmente expulsado del Paraíso. A mitad de camino en su caída, se detuvo, reflexionó un instante y volvió. --Quiero pedir un favor --dijo.
--¿Cuál? --Tengo entendido que el hombre está por ser creado. Necesitará leyes.
--Qué dices miserable! Tú, su enemigo señalado, destinado a odiar su alma desde el alba de la eternidad, ¿tú pretendes hacer sus leyes? --Perdón; lo único que pido, es que las haga él mismo. Y así se ordenó.

Una vez, adv. Suficiente.

lunes 28 de septiembre de 2009

Compárteme otra copa

Tu risa es graciosa. Ádelante, bebe otra copa, yo no voy a preguntarte su procedencia, no me interesa si es tinto, blanco o rosado violeta; si se espuma, o tiene el cuerpo de una diosa. Yo me bebo el momento, me bebo la hora y el temblor de tu mano al descorcharlo de nuevo. ¡Ja! dime, ¿te has escuchado alguna ves?, ¿quieres embriagarte? Bébete la noche, no me importa el vino ¿¡Quién carajos necesita el vino?! yo estoy ebria de tus palabras, de tu ceja dislocada, de tus torpes y absurdos intentos por compartirme o robarme el exceso de calor. Es graciosa, tu risa. Yo conocía un chico que se reía sin voz, ahogado, así con los puros músculos de la quijada y la boca bien abierta; reía tan intensamente que su quijada jalaba la nuca y su nuca a la espalda, y la espalda se encorvaba y le aprisionaba tan fuerte el abdomen que terminaba siendo mas un rescate de emergencia reír con él. ¡Si! ¿es gracioso verdad?, compárteme otra copa. ¿Se trata de que sea tinto para que lo derrames en mi? No te creas que soy ingenua, se supone que tu intentes tocarme y yo ebria de tu astucia termine sin ropa en el sofá. Vamos, tu risa es graciosa; pero fingiré no saber nada de vinos y tu trata de olvidar que yo sé que el vino es sólo un pretexto.

domingo 27 de septiembre de 2009

Acicalar

I

¿Ese es tu disfraz de rebeldía?

Eres ficción debajo del pellejo,

Quimera moderna,

tu saliva es agria,

tu cabeza llena de moscas,

y tus piernas flojas

alojan un montón de gorrones.

Y sonríes,

incapaz de mirarte.

Ni veinticinco centavos,

por el disfraz y el relleno.


II
En la punta de la lengua.

A flor de piel.

Entre ceja y ceja.

No encontraba una escoba para barrer, lo intente soplando pero el polvo me cubrió la mirada y dolorosamente fui soplando a ciegas. No puedo hacerlo de otra forma, las manos no sirven con tantas partículas dispersas. Al diseminarse en el aire me compacto yo como concreto; mientras se vuelve más ligero, yo me acerco dos toneladas al centro de la tierra; mientras se mezcla con las nubes, yo me convierto en masa terrenal, definida, inmutable. El polvo irrita, quema, por eso lo barro. No puedo hacerlo de otra manera, me muerdo siempre las uñas, levanto los ojos cerca de las cejas, hablo con sarcasmos, tengo una lista de manías adquiridas huéspedes de mi. Y gateo a ciegas, soplando polvo que me quema, que se barre pero no desaparece, regresa siempre y lo cubre todo.

Entre pensamientos y movimientos autómatas hubo espacio para el polvo, para el tiempo que lo dejo, para la vida y después el ardor. Casi me deja ciega, casi me quema la piel, casi me cierra la garganta.

Lo sentí

Entre ceja y ceja.

A flor de piel.

En la punta de la lengua.


III

No soy lo que crees, no soy lo que digo que soy, no soy lo que creo cuando despierto. No soy mas que la alucinación de lo que deseas y mi propia posibilidad de ser.

jueves 27 de agosto de 2009

Punto y aparte.

Ya me aburri de esto mí.

miércoles 26 de agosto de 2009

Tu

Casi siento que puedo escucharte en mi oído,
y se me enredan las venas del cuello,
y me estrangulan la voz.

Deseo pronunciarte con toda la lengua.
Deseo llenarme los pulmones de ti.

Y sin embargo sólo estas ahí. Casi ahí, a media garganta.
Podrías ser todo y eres casi nada.