Tu tacto propició un súbito despegue.

v o l é a l t o
v o l é a l t o
v o l é
Ahora debo regresar.
Nunca quize volar sola.

Si anhelaba la destrucción, era sólo para que ese ojo se extinguiera. Anhelaba un terremoto, un cataclismo de la naturaleza que precipitase el faro en el mar. Deseaba una metamorfosis, la conversión en pez, en leviatán, en destructor. Quería que la tierra se abriera, que tragase todo en un bostezo absorbente (...) Quería estar solo mil años para reflexionar sobre lo que habia visto y oído... y para olvidar.
Trópico de Capricornio.Henry Miller
Parece que me esquivas pero en realidad todo el tiempo me buscaste. No sé porque lo hice solo se que necesite de la tibieza de tu aliento para olvidarme de eso que yo también necesitaba esquivar.
“Las personas son como los piojos: se te meten bajo la piel y se entierran en ella. Te rascas y te rascas hasta hacerte sangre, pero no puedes despiojarte de una vez. Donde quiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia particular. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastió, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastres, frustración, futilidad. Rascarse y sascarse... hasta que no quede piel. Sin embargo su efecto en mí es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero ver el mundo escacharrado, quiero que todo el mundo se rasque hasta morir.”[1]