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domingo, septiembre 05, 2010

volando alto





Tu tacto propició un súbito despegue.























v o l é a l t o

v o l é a l t o

v o l é













Ahora debo regresar.
Nunca quize volar sola.











domingo, julio 11, 2010

Brillante Nocturno

De encadenantes besos que atormentaban la más serena conciencia, se quedó desierta la noche; no era el fuego, era la carne viva en combustión lo que provocaba la alucinación entre tu piel y mi mirada, mi ceguera nocturna esperando la cura del ritmo perpetuo de tu cuerpo. Ya sé que las cenizas son llevadas por el viento, pero las que cubren mi garganta y mis dedos quemados, se amalgaman con la humedad salina que emana de mis ojos, ¿cómo habra de llevarse el viento costras de ceniza sin erosionar un cuerpo hecho de arena? No es gratuito el dolor en la mirada ausente o en los ojos dilatados, si te embebía incrédula mi mente jinetear al mismo tiempo sesos y deseo, ahora te imagino doliente desde el vacío de las grietas en mi espalda, entre en mis piernas, en la voz para nombrarte, en el camino truncado de tus labios rojos al sabor negro de mi cabello; te imagino o quizá te añoro sólo por hacerlo, sólo para creer que despertaré del sueño donde te tengo atrapado y podré ver de nuevo goteando la sin razón que mantenía calurosos nuestros pechos... nuestro blanco brillante nocturno.

lunes, julio 05, 2010

Facetas

i (camuflaje)

Te guarde en el silencio
y hoy espero que llegue la dicha,
de cerrar los ojos
y al abrirlos
te hayas camuflajeado
en el vacío de mi mente.

ii (negación)

De la negación de un panorama descrito con ceniza,
a la negación de la existencia de un sueño luego del despertar.
De la negación de tu coexistencia
a la negación de la propia, derivada de la tuya.

martes, noviembre 10, 2009

Cazador de Espíritus


No me cuesta ser racional contigo, pero mientras más te razono, más siento empatía con los aturdidos. Demente, perturbada, lunática, desequilibrada, chalada; la manía viene en dosis pequeñas, ácidas, ásperas, corrosivas; sin horarios y sin expectativas. Mordiente de mis neuronas: no temo perder la cordura, si por cada inferencia lógica, estoy a un paso más cerca de ti.

sábado, octubre 10, 2009

Viernes por la noche



El celular vibra exaltando nuestro sueño, mi cuerpo aún dormido gira y se lanza a ciegas a contestar la llamada, pero tú detienes con un movimiento vertiginoso al brazo que intenta interrumpir la noche.

Forcejeo un momento. Inmovilizas la mitad de mi cuerpo. El celular se tambalea cerca de mi cabeza.

Te gusta que luche contra ti, has advertido que ya no me puedes controlar, me sabes fuerte y escurridiza; quizá por eso me has hecho caminar toda la noche, para adormecerme el cuerpo y agitarme la cabeza; para que pierda la cordura y lejos del alcance de mis palabras puedas sentir por algunos instantes que lograras retenerme. El calor de tu piel en el frío de mi vientre me hace abrir grandes los ojos; no puedo verte, me siento ciega e impotente, giro de un lado a otro tratando de huir y tu, con increíble gracia, me regresas al montón de ropa que improvisamos como cama, a tus labios húmedos que saben contenerme.

Cerca de mi cabeza el concreto huele a viejo y olvidado. Los espacios de ventanas maltratadas figuran como huecos de un enorme rompecabezas. Llueve el techo por sus goteras. Seis niveles nos separan del piso. Seis mil kilómetros nos separan de los fuegos de la tierra.

Ya había olvidado esto de jugar al clandestino, de usurpar los espacios, correr por los callejones húmedos de lluvia, esquivar la mierda, caminar entre el anonimato, las batallas, el caos y la miseria de la gente. Olvidado amarte en los huecos de la calle, en los tejados detrás de los tinacos, sobre el pasto, junto a los zaguanes, en los edificios olvidados; a la vista de los fisgones con insomnio, fuera del alcance de lo cuerdos moralistas.

Los fuegos de la tierra confunden tu cuerpo con el vapor que emana. Llueve el techo por sus goteras. No escucho nada. Tu cuerpo se confunde en el mío, excita el mio. Goteras. No escuchas nada. El concreto nos escucha. Las trabes y las escaleras de hierro tiemblan con nosotros. Pruebas mi piel de sal. Tú amas mi piel de sal.

Miro por esas ventanas maltratadas y pienso que no quiero volver, no quiero borrar este espacio, no quiero recorrer los obstáculos que nos trajeron a este lugar, cruzar de nuevo la cerca y ser arrastrada por las calles con su hedor a cotidiano. Quiero seguir olvidando lo que eres, permanecer presa y mirarte con ojos de absoluta ingenua despojado de la vida que te corrompe. Pero tengo que marcharme, porque ya no puedes retenerme, porque no estoy ciega, porque el celular seguirá ahí vibrando y tambaleando el piso, incansable, recordando que hay una realidad intermitente que es imposible de ignorar.

Yo amo tu piel de sal.

martes, agosto 11, 2009

Púrpura


Si tomaras el cierre que comienza entre mis ojos, justo encima de las cejas, y los deslizaras pasando por la nariz y los labios; te diría que no te detuvieras ni siquiera si escucharas mis lamentos huecos al pasar por la traquea o el aire comprimido de mis pulmones golpearte la cara. Si decidieras seguir o no, te obligaría a conducirte por el ombligo hasta dividirme completamente; podría desencajarme, mirar dividida mente y sentimiento. Expuesto todo el color en tus manos: tus ojos mirarían púrpura.

martes, junio 23, 2009

Plegaria de media noche


No tengo nada mas que agregar.

miércoles, marzo 11, 2009

Carajo

Si anhelaba la destrucción, era sólo para que ese ojo se extinguiera. Anhelaba un terremoto, un cataclismo de la naturaleza que precipitase el faro en el mar. Deseaba una metamorfosis, la conversión en pez, en leviatán, en destructor. Quería que la tierra se abriera, que tragase todo en un bostezo absorbente (...) Quería estar solo mil años para reflexionar sobre lo que habia visto y oído... y para olvidar.
Trópico de Capricornio.Henry Miller

Que carajo hiciste en mi que tengo tanto coraje dentro, tanta mierda que se convierte en odio. No aguanto estar conmigo, me caé en el hígado pensar en mí y desearía que se extinguiera esa menudencia de fé que quien sabe, con que habilidades y de que caverna, sacaste para ambos. Y la sangre, ese es otro asunto; porque aún no sé como sudarte de mis entrañas, en este punto no me importa si me desangro.

jueves, febrero 26, 2009

Sumisión

Parece que me esquivas pero en realidad todo el tiempo me buscaste. No sé porque lo hice solo se que necesite de la tibieza de tu aliento para olvidarme de eso que yo también necesitaba esquivar.

martes, septiembre 30, 2008

Piojos

Sunday December 2, 2007 - 12:43 am

Piojos


“Las personas son como los piojos: se te meten bajo la piel y se entierran en ella. Te rascas y te rascas hasta hacerte sangre, pero no puedes despiojarte de una vez. Donde quiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia particular. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastió, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastres, frustración, futilidad. Rascarse y sascarse... hasta que no quede piel. Sin embargo su efecto en mí es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero ver el mundo escacharrado, quiero que todo el mundo se rasque hasta morir.”[1]


Estoy disfrutando tanto este libro, llego a mis manos en el momento justo. Esa sinceridad tan íntima, abrumadora y tan descubierta. existencialismo tan fútil y desgarrador. crudo. toda una narración de sensaciones destapujadas.

Sigo pensando en Aguascalientes y no en el lugar necesariamente, Aguascalientes fue como inhalador de emergencia, me estaba ahogando en mi misma, mis piojos se me estaban enterrando más profundo bajo mi piel y necesitaba escupir todo ese asco y hastió. cualquier pretexto para largarme inmediatamente y mandar todo al carajo. cualquier cosa. las conferencia. aire limpio. acentos foreños. ¿¿chocolate??, lo que fuera era igual de importante, estando allá el pretexto sería lo de menos. Estaba seducida ante la idea de abandonar a todos y todo aunque fuera por unos días. Cada que me acercaba mas, olvidaba y añoraba mas distancia. Me sentí tan egoísta y me encanto.

La lejanía, la libertad. Fue un placer casi sexual, las dimensiones volvieron irreales mis dramas y ame realmente mi egoísmo, mi indiferencia, respirar profundo y reír con ese humor ácido a carcajadas, estar rodeada de las personas que están padeciendo lo mismo que tu, beber del mismo licor y, ¡¡aaaaah!! me emociono de recordar esas sensaciones, de querer excederme a mis anchas, de estar a la suficiente distancia para no sentir ninguna culpa.

Pero acabo, y como chiquilla estuve a punto de una explosión en berrinche. Lo retuve a la fuerza pero mi cuerpo lo escupió, en cuanto me acercaba más a la ciudad me sentí como animal enjaulado, desesperada, ansiosa, nerviosa. Comencé a sentir náuseas y repulsión -lo que atribuí a la asquerosa película de zombies- y no termino, fue como si al cruzar el límite federal me contagiara con la pesadumbre: tuve fiebre, dolor de cabeza y se me cerró la garganta.

Tanto compromiso puede ser algo terrible, tanta añoranza puede volver los días tan indiferentes, se le pierde el sabor, se vuelven insípidos. Amo lo que estoy haciendo en este momento de mi vida, pero odio tener que sacrificar tanto para conseguirlo , lo que desearía abandonar es esta racha de aire brumoso que pasa a mi alrededor y me asfixia. Deseo volver a huir.


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[1] Henry Millar. Trópico de cáncer. editorial Punto de lectura