lunes, septiembre 28, 2009

Compárteme otra copa

Tu risa es graciosa. Ádelante, bebe otra copa, yo no voy a preguntarte su procedencia, no me interesa si es tinto, blanco o rosado violeta; si se espuma, o tiene el cuerpo de una diosa. Yo me bebo el momento, me bebo la hora y el temblor de tu mano al descorcharlo de nuevo. ¡Ja! dime, ¿te has escuchado alguna ves?, ¿quieres embriagarte? Bébete la noche, no me importa el vino ¿¡Quién carajos necesita el vino?! yo estoy ebria de tus palabras, de tu ceja dislocada, de tus torpes y absurdos intentos por compartirme o robarme el exceso de calor. Es graciosa, tu risa. Yo conocía un chico que se reía sin voz, ahogado, así con los puros músculos de la quijada y la boca bien abierta; reía tan intensamente que su quijada jalaba la nuca y su nuca a la espalda, y la espalda se encorvaba y le aprisionaba tan fuerte el abdomen que terminaba siendo mas un rescate de emergencia reír con él. ¡Si! ¿es gracioso verdad?, compárteme otra copa. ¿Se trata de que sea tinto para que lo derrames en mi? No te creas que soy ingenua, se supone que tu intentes tocarme y yo ebria de tu astucia termine sin ropa en el sofá. Vamos, tu risa es graciosa; pero fingiré no saber nada de vinos y tu trata de olvidar que yo sé que el vino es sólo un pretexto.

domingo, septiembre 27, 2009

Acicalar

I

¿Ese es tu disfraz de rebeldía?

Eres ficción debajo del pellejo,

Quimera moderna,

tu saliva es agria,

tu cabeza llena de moscas,

y tus piernas flojas

alojan un montón de gorrones.

Y sonríes,

incapaz de mirarte.

Ni veinticinco centavos,

por el disfraz y el relleno.


II
En la punta de la lengua.

A flor de piel.

Entre ceja y ceja.

No encontraba una escoba para barrer, lo intente soplando pero el polvo me cubrió la mirada y dolorosamente fui soplando a ciegas. No puedo hacerlo de otra forma, las manos no sirven con tantas partículas dispersas. Al diseminarse en el aire me compacto yo como concreto; mientras se vuelve más ligero, yo me acerco dos toneladas al centro de la tierra; mientras se mezcla con las nubes, yo me convierto en masa terrenal, definida, inmutable. El polvo irrita, quema, por eso lo barro. No puedo hacerlo de otra manera, me muerdo siempre las uñas, levanto los ojos cerca de las cejas, hablo con sarcasmos, tengo una lista de manías adquiridas huéspedes de mi. Y gateo a ciegas, soplando polvo que me quema, que se barre pero no desaparece, regresa siempre y lo cubre todo.

Entre pensamientos y movimientos autómatas hubo espacio para el polvo, para el tiempo que lo dejo, para la vida y después el ardor. Casi me deja ciega, casi me quema la piel, casi me cierra la garganta.

Lo sentí

Entre ceja y ceja.

A flor de piel.

En la punta de la lengua.


III

No soy lo que crees, no soy lo que digo que soy, no soy lo que creo cuando despierto. No soy mas que la alucinación de lo que deseas y mi propia posibilidad de ser.